¡CLAC!
Un golpe seco de metal y plástico resonó en el despacho cuando el técnico colocó varios dispositivos electrónicos de tamaño minúsculo sobre el escritorio de Elena.
Sobre la superficie quedaron esparcidos algunos lentes de minicámaras y grabadoras de voz con cables finos que lucían enredados y caóticos. Esos eran los artefactos que habían estado vigilando cada uno de sus movimientos.
—¿Cómo es posible que en todo este tiempo no me diera cuenta de que este lugar estaba plagado de micrófon