Ella me sonríe y observo sus perfectos labios, sabía que no era momento, pero quería hacerlo… mierda.
Me resisto a besarla y regreso a mi asiento, enciendo el auto y arranco. Ella me guio al consultorio que está acostumbrada ir y hasta ahí fui.
Al llegar, me estaciono y bajo del auto para ayudarla, esta vez no la cargo, solo la ayudo a caminar, entramos y ella inmediatamente pregunta por su doctor.
—Buenos días, ¿Se encuentra el doctor Graham?
—Esta en descanso en este momento —responde un