—No muy bien.
—¿Y se tardará mucho?
—No lo sé.
—Entonces búscame en el jardín, ¿si?
—Ok. —Y se va, yo vuelvo a tocar la puerta—. Amor ábreme por favor —dije muy preocupado.
Rueda la manilla y me abre la puerta, la veo, está cansada.
—¿Tienes malestar?
—Empezaron los vómitos otra vez —me dice.
—Pero hace unos días estabas bien.
—Solo me seguiré tomando lo que me mandó.
—Deberíamos ir al médico para que te receten otra cosa, ya que eso no funcionó.
—Está bien —no objeta y la tomo de la