Windy miró a Davin, que estaba de pie frente a ella. El hombre no se movió de su sitio, no se acercó, pero tampoco se alejó. Sus ojos, normalmente fríos e indescifrables, ahora guardaban algo diferente. Algo que hacía que Windy, en medio de todas sus dudas y miedos, sintiera una extraña confianza.
"Confía en mi diseño", pensó Windy. "No confía por compromiso, sino porque realmente ve algo en mi obra que ni yo misma he terminado de reconocer."
Y con la ayuda de la observación de Davin, afilada c