—Victor. —Davin pronunció aquel nombre como quien pronuncia el nombre de una enfermedad.
—Puede que Victor no sea una amenaza. Pero yo no soy Victor. —Nixon miró fijamente a su hermano—. Y estoy preparado para competir contigo, hermanito.
El silencio llenó el pasillo durante unos segundos.
Luego, el sonido de unos golpes en la puerta rompió aquel silencio. Windy, que finalmente se había armado de valor para acercarse, llamó al marco de la puerta abierta. Los dos hombres se giraron de inmediato.