—Solo un sorbito, Davin —la voz de Femina sonaba melosa e insistente—. Este es un vino que traje directamente de Francia. Cosecha de 1990. Especialmente para ti.
Davin estaba sentado con la espalda rígida y la mandíbula tensa. Su mano, apoyada en el reposabrazos del sofá, apretaba el cuero hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Cada fibra de su cuerpo irradiaba un rechazo tan intenso que el aire a su alrededor parecía vibrar.
—Ya te he dicho que no, Femina. —La voz de Davin era fría com