—Gracias, señor Davin. —Windy extendió la mano para recuperar su portátil. Sus dedos tocaron el borde del portátil y comenzó a cerrar la pantalla.
Pero cuando levantó el portátil de la mesa, algo sucedió.
El mundo frente a sus ojos empezó a girar de repente. El techo de la sala, que antes estaba arriba, ahora se veía inclinado hacia un lado. Le zumbaban los oídos y sentía el estómago retorcido. La luz de la lámpara, que antes era normal, ahora brillaba con demasiada intensidad, deslumbrándole l