Capítulo 31.
En el momento en que él me ve entrar, decidida, y, sobre todo, después de responderle aquello, él se muestra ligeramente sorprendido detrás de su ceja enarcada. Detrás de su mirada que irradia superioridad. Me siento justo al frente del escritorio.
—Alex no está, si es a quién buscas —él es el primero en hablar.
—Sí, a él busco, pero, de hecho, tu presencia aquí es bastante conveniente empezando por el hecho de que no deberías estar aquí si él no está.
—¿Por qué no? Esta oficina es mía tanto