Mis manos se aceleraron al pensar en ello. Cada grito de dolor, cada gruñido de determinación, cada gruñido de rechazo que salía de sus labios, mientras yo tomaba lo que quería, sin pregunta o consentimiento.
Mis piernas temblaban levemente mientras continuaba dándome placer, ella era mía, completamente mía, lo admitiera ella o no, y siempre lo sería. Ella podía correr hasta los confines del mundo y, aun así, estaría atada a mí. Me apoyé en el escritorio frente a mí, encontrando un ritmo erráti