(...)
—Buenos días —susurra, cerca de mi oído—, mi amor…
—Mmm… Por favor, tía, dame un par de minutos más, me duele mucho mi cuerpo —me quejo.
—Algo más que se te ofrece —de lejos escucho una risita.
—Déjame dormir —chillo—. Estoy soñando con Harry, tía, no quiero perderme lo que pasará después de quedarme con él en su casa.
—Creo que no estás soñando —masculla.
Abro mis ojos y poco a poco mis mejillas se van tornando rojas… ¡Rojas de la vergüenza!
¡No puede ser! Soy una estúpida, y ahora donde