Sonríe y empieza a desabrocharse los botones, con la mirada fija en mí. Me está costando un mundo, no precipitarme hacia adelante y abrírsela de un tirón. ¿Por qué lo está alargando tanto? Sé lo que pretende. Quiere hacerme esperar. Le gusta torturarme.
Cuando por fin llega al último botón, echa los hombros atrás y se la quita. Por un breve instante, al ver cómo se tensan y relajan los músculos de su pecho cuando echa los dos brazos atrás, pienso que podría desmayarme.
Se quita los zapatos, par