***
Las horas pasan y mi tía no deja de hablar, ¡ella se ha convertido en mi defensora! Por Dios, está contando cosas que no debería, me siento incómoda porque ellos no se deben de dar cuentas de mis desgracias temporales.
Me levanté del sillón porque necesitaba tomar algo, mi garganta estaba seca, ya no podía más. Me disculpé y corrí hacia la cocina, no contando que alguien me seguiría, esas no eran mis intenciones.
No me detuve, seguí mi camino y con un poco de nerviosismo empiezo a crear muc