Al día siguiente:
El sol apenas había comenzado a salir hacía unos minutos, pero Miguel ya estaba sentado en la cabecera de la inmensa mesa redonda de reuniones, observando con atención a cada uno de los alfas y sus compañeras que iban entrando a la sala y tomando sus lugares.
La sala, decorada con una simplicidad imponente, exhalaba un aire de tensión y expectativa.
Uno a uno, cada pareja tomó su lugar, hasta que finalmente se sentó el último.
Las princesas Alys y Alice estaban sentadas a la m