Luciana pasa la siguiente hora en su propia guarida, esperando pacientemente a que su herida se cure. El dolor es intenso, pero sabe que no puede ir a hablar con Sasha en ese estado. Cada segundo parece eterno, y la quemadura en su mano le recuerda constantemente el precio de su desobediencia. Finalmente, después de lo que parece una eternidad, el dolor comienza a disminuir y la herida comienza a cicatrizar, dejando solo una cicatriz como recordatorio.
Con la mano finalmente curada, Luciana se