ASHTON GARDNER
Estaba en la entrada de la casa, con el café en una mano y Liss en la otra. La mañana era perfecta, si ignorábamos el detalle de que Ethan seguía caminando por mi casa como si fuera un maldito spa familiar.
La noche había sido maravillosa, llena de pasión y el cuerpo de Liss retorciéndose debajo de mí, y la mañana había sido igual de perfecta con ella en mis brazos.
—Llegaron las maletas del señor Ethan —anunció William mientras bajaba del auto con dos valijas enormes.
—Gracias,