ASHTON GARDNER
Estaba en mi despacho, revisando unos contratos con William cuando el teléfono vibró.
Gisella.
Cerré los ojos. No tenía energía para lidiar con sus berrinches. Pero algo en mí… algo me dijo que debía contestar. Deslicé el dedo.
—¿Qué quieres?
—Hola, Ash. Antes que cuelgues… no vengo a pelear. —Su tono era suave, casi… ensayado—. Marcus me mandó algo.
—¿Y qué tengo yo que ver con la basura que te mande Marcus?
—No es sobre mí. Es sobre Lissandra.
Sentí que el mundo se detenía.
—¿