Capítulo 272.
— ¡Rayos! ¡Por la Diosa sigue lloviendo!— reniega Gerardo al mismo tiempo que observa por uno de los pequeños orificios que habían dejado para observar el exterior— a este paso tendremos que seguir con nuestras vidas debajo de la tierra.
Aunque en ese momento se gira para ver que no había tantas provisiones como las que se necesitarían, en unos días estarían en ceros.
La sangre que parecía no tener fin cayendo desde el cielo hasta el suelo, bañando absolutamente todo lo que se encontraba en