Los días pasan tortuosamente lentos; la soledad que me cobija en la enorme habitación en las noches me recuerda lo que dejé atrás por tiempo indeterminado; el espacio libre a mi lado me enloquece hasta el punto de que imagino a mi adorado Stefano mirándome con tanta felicidad anhelante en sus ojos que es imposible que los míos no se llenen de lágrimas.
La abrupta separación que mi plan inició ya está comenzando a pasarme factura, no solo por las alucinaciones y el sentimiento de que algo me ha