Las luces de un nuevo mañana iluminaron poco a poco la habitación filtrándose los primeros rayos del sol.
— Mi bella durmiente, es hora de levantarse. Murmuro suavemente Agustin
— No quiero—, dijo Mónica con un puchero en su rostro escondiéndose bajo las sabanas — es fin de semana quedemos un momento mas, se le oyó decir a Mónica lo que divirtió a Agustin—.
—Tus órdenes serán cumplidas mi bella dama— ante estas palabras Mónica descubrió su rostro y se acurrucó en el fuerte y fornido pech