— ¿Cumpliste con lo que te encomendé?
— Sí, Joven Agustin. Está hecho, la Señora no tendrá problemas de ahora en adelante.
—Muy bien, gracias Jose.
— Me alegro de que se hallan contentando con la señora, mencionó Jose.
— <…>, ¿no está del todo convencido no es así?
— Jose, yo amo a mi esposa es solo que…
—Se trata de la señorita Lybia ¿no es así?
— Sí, no quiero aceptarlo, pero de algún modo se me viene su imagen a mi mente y eso me perturba, quizás la mejor opción era separarnos, pero ahora