— Te amo, Agustín. Dijo Mónica entre susurros
Al oír aquello Agustín se separó del abrazo reconfortante, la observo para luego tomar su rostro entre sus manos dibujando sus labios con sus dedos para luego acercarse y tomar sus labios contra los suyos empezando una guerra sin cuartel, por lo apasionado y sedientos que se encontraban uno del otro. Cuando por fin se entrecortaba el aliento se separaron tomando aquello como su respuesta definitiva que ahora en mas todo marcharía como debía ser.