— Eres mi esposa y mi deber es ciudad de ti.
— Já, ¿tu esposa?, no hagas bromas tontas yo jamás fui tu esposa de verdad con la que te casaras ahora es quien tiene ese nombre no yo, hasta ahora lo entendí y no te preocupes dile a tu familia que esta despreciable intrusa al fin entendió que lo nuestro no fue mas que un fraude y solo fue un maldito contrato desde el comienzo, al final fui yo la culpable de enredar los sentimientos con la verdad, pero que ahora soy consciente de mi equivocación.