Punto de vista de Ninette
Las luces rojas y azules giraban como cuchillas en la oscuridad, cortando el interior del SUV y clavándose en mis ojos hinchados. Mi corazón se había detenido. Literalmente. Sentí el vacío en el pecho, ese hueco donde antes latía la rabia, la esperanza, el miedo. Ahora solo había silencio. Un silencio que dolía más que cualquier grito.
—Manos en alto —repitió el oficial, la voz amplificada por el megáfono, fría y sin piedad—. Ninette Cole, salga del vehículo lentamente