Punto de vista de Ninette
La oscuridad duró dos segundos. Dos putos segundos en los que todo mi cuerpo gritó. La mano que me agarraba el brazo no era suave. Era hierro. Carne fría. Y esa voz en mi oído… esa voz que decía “soy tu verdadera madre” me revolvió el estómago hasta que sentí bilis subiéndome por la garganta.
Las luces de emergencia se encendieron. Rojas. Sangrientas. Iluminando dos caras idénticas apuntándose entre sí con el mismo odio.
La Seraphina con el arma temblaba. La otra, la q