Punto de vista de Ninette
El lobby del hotel se congeló en un instante eterno. El teléfono de Marco vibraba en su mano como si tuviera vida propia, y el nombre en la pantalla —Seraphina Valerio— brillaba como un veredicto. Mi respiración se cortó. Las lágrimas que aún me corrían por las mejillas se secaron de golpe, quemándome la piel. Todo el peso de los últimos días —las puertas cerradas, el correo de Patricia, los 340 dólares que se me escapaban entre los dedos— se estrelló contra mí otra ve