Punto de vista de Ninette
El lobby del hotel se convirtió en una jaula de cristal. Cada respiración mía sonaba demasiado fuerte, cada latido de mi corazón retumbaba como un tambor roto. Ahí estaba él, caminando hacia mí con esa elegancia peligrosa, el traje gris carbón pegado a su cuerpo como si el mundo entero le perteneciera. Mis rodillas flaquearon. Quise correr. Quise gritar. Quise lanzarme contra su pecho y romperme del todo, porque ya no me quedaban fuerzas para fingir que estaba bien.
—N