Con la llegada de mi tía y mi madre, se me olvidó mandar a arreglar el celular. ¡Vaya manía la mía para olvidar las cosas! «Pero olvidas lo que te conviene, ¿por qué no olvidas el pasado de Patricia?» Me dijo un día el tío. Por eso en la mañana cuando salimos a la capital para averiguar y comprar las máquinas dañadas se lo entregué al ingeniero que iba conmigo para que lo arreglara mientras íbamos y regresábamos.
—Don José.
—Dime, Manuel. —Ese era nuestro administrador.
—Si se hace el convenio