No podía dormir, habíamos llegado hacía una hora a la Viña y mi cabeza le daba vueltas y vueltas a lo dicho por mi tío «Solo si yo fui su luz». Salí de la cama, me había quedado a dormir en la casona, el viejo no me dejó irme en caballo al apartamento alejado donde estaba viviendo, era un camino oscuro y de noche algo peligroso. Llegué al baño, lavé el rostro. Patricia, Patricia, ¡Patricia! No quería pensar en ella… Ya debía de tener cuatro meses o si era mío tendría más de cinco, porque en esa