Miré su foto, su rostro atractivo. Por un momento mi mente revivió uno de los miles de momentos juntos, la vez en que lo conocí, ese día fue el último en que trabajé en el jardín del padre, ya había quedado como lo sigue manteniendo aún. Tenía nostalgia, por esos dos meses en los que me sumergí a trabajar no sentí ni un solo día deseo sexual, era como si no existiera en mí esa enfermedad.
Por eso el padre concluyó que debía mantenerme ocupada y uno de sus célebres refranes, «En mente ocupada no