Si la primera vez que estuvo con él había sido magnífica, ahora que eran oficialmente una pareja, le excitaba más. Era suyo, así como ella era de él.
— Annika – susurró Eyra pasando sus dedos sobre el tatuaje del pecho de Konstantin, era una rosa con sangre. – ¿Quién es?
Konstantin la atrajo a él, pasando su brazo por sus hombros desnudos, dándole suaves caricias en el inicio de sus senos.
— Mi hermana – suspiró. – Murió pocos meses después de nacer.
— Lo siento – dijo Eyra, removiéndose en l