Konstantin acariciaba el culo de la rubia, escuchando como soltaba un gemido. Con pasos torpes, llegaron hasta la habitación, se alejó un segundo para reparar la habitación con la mirada antes de volver a posarla en los ojos azules de Eyra, cargados de pasión y lujuria.
Eyra se acercó a él para acortar toda distancia una vez más, pasando sus manos por su torso, palpando lo bueno que estaba su jefe. Comenzó a desabotonar la camisa con prisa, sus bragas estaban empapadas desde que la beso y nece