Las semanas habían pasado. Mi ansiedad cada vez era mayor, quería que llegara el día de ir al consultorio del médico. Ya tenía todo preparado para cuando nos dijera que podíamos volver a nuestra vida normal.
Los pequeños crecían en tamaño y entendimiento, porque comenzaban a sonreír y nos observaban con atención cuando les hablábamos. Con sus 4 meses, eran todo unos listillos.
Quién me seguía preocupando era Gavin, sé que no debía involucrarme pero con la llamada de Miguel informándome sobre lo