-¿Se puede saber qué estabas haciendo?- la voz grave de Lucian, como esperó Aidan, retumbó en la habitación y se vio obligado a cubrir sus sensibles oídos. Después escuchó un gruñido y seguido un chasquido de su lengua.
Aidan volvió a alzar la cabeza con duda. ¿No le iba a decir más nada? Normalmente Lucian era de aquellos que solía dar cantaletas largas, regañándolo por cada pequeño detalle que hacía que le sacara una cana por segundo, pero lo que vio hizo que sus brazos cayeran a los lados de