Aidan se sentía en una nube, ligero, suave, cómodo, sobre todo cómodo y ¿protegido? Era raro, lo último que recordaba era él estando solo dentro de una habitación y mucho frío antes de que todo se volviera negro. Su mente estaba confusa.
Sus parpados pesaban, pero aun así se forzó a abrirlos. La oscuridad se cernía sobre él, aunque a su espalda la luz de la luna entraba por el balcón. Era de noche. Se removió ligeramente encontrando que su cabeza estaba sobre un pecho duro que se movía constant