Aidan estaba tranquilo sentado sobre las piernas de su padre. Este le masajeaba la nuca en un intento de aliviar el dolor atormentador en su cabeza. Pero, aun así, convaleciente, sin apenas abrir los ojos y casi sin tener fuerza, él no dejaba salir un sonido de su boca. La razón, estaba por primera vez en el salón del Consejo. Había sido bien enseñado en las leyes de la manada y una era que ese lugar merecía su mayor respeto.
Frente a él estaba Asule, el mayor de todos los presentes y tomaba su