Dante estaba recostado en su buró pensando en miles de cosas que pasaban en su cabeza y hasta lo aturdían. Sobre todo, se preguntaba en cómo terminaría los papeles que tenía delante de él. Eran miles y Falco no estaba a su lado pues su esposo estaba en celo y tenían cierto asunto en mano como la tarea de crear un cachorro propio.
De cierta forma sonrió. Ya era hora que su beta sentara cabeza y le diera un ahijado, otro cachorro más no venía mal, más bien, mientras más mejor. Le encantaban. Qui