Nadie se movió dentro ni fuera de la habitación. Solo eran espectadores sufriendo los cambios bruscos de temperatura, del lobo que caminaba con paso seguro hacia el único macho de cabellos rojos. Lucian tampoco se movió. Su cuerpo pesaba, se sentía embelesado y asombrado en partes iguales.
La imagen de Aidan delante de él era cautivadora, hermosa, admirable y todos los adjetivos que pudiera ponerle. Las feromonas de él eran dulces y eran para él, se envolvían a su alrededor atrayéndolo para pon