—No sabía quién era el cretin0 ese, así que lo seguí. Llegamos a su casa y después lo seguí hasta su trabajo, ahí me di cuenta de que es ese cocinero de mierd@, de donde te gustaba ir, ahora sé por qué, debo reconocer que el 1mbecil pega duro —ponía sus manos en la cabeza y continuaba caminando.
—Necesitaba tenerte controlada, mientras seguía tratando de recuperarte. Yo te amo, y tú eres mía —se acercó a mi rostro con las manos en su pecho y ojos suplicantes. Me daban demasiado miedo, su mirada