—Tenemos una conversación pendiente —le dije al separarme de ella.
—¿Cuál? —cuestiono. Hice una mueca de indignación sobreactuada, como si me hubiera herido por el olvido.
—¿Cómo que cuál? Mi madre quiere conocerte. Ya he alargado el suceso lo más que pude, porque no quería presionarte. Ya suficiente era, que aceptaras ser mi novia en tan poco tiempo de conocerme —me recosté nuevamente y la atraje hasta que quedó a horcajadas sobre mí.
—¡Cierto! Perdón lo había olvidado —bajó su mirada apenada