Un inexplicable silencio que me resultaba inquietantemente familiar me rodeaba mientras me sumergía en las aguas profundas de color tinta. La cuerda de mi muñeca bailaba con cada remada hacia abajo. Mis brazos volaban como una mantequilla en el agua, que me dolía hasta los huesos y no podía evitar intentar apartar los recuerdos de la última vez que había nadado.
~ Con las mejillas aún mojadas por la práctica, los fragmentos de cristales de las formas más pequeñas, pasaron por delante de mí. Mie