A veces en la vida, cuando piensas que todo va bien y que la felicidad no es solo un cuento para contar mientras se desea sentir la brisa de principios de verano que huele a ropa recién lavada con una pizca de limón, todo puede ponerse patas arriba. No es que uno tenga mala suerte o que su segundo nombre sea fracaso, simplemente sucede.
La vida es así.
Mi vida durante dieciséis años había sido buena en general, pero ahora, a los pocos meses en mi decimosexto año de vida, todo había cambiado.