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Las semanas pasan como un correcaminos y lastimosamente todavía estoy en Estados Unidos, no sé lo que Esteban está pensando, le he dicho que me lleve a su lugar, ese donde quiero estar para toda mi vida o solo para crecer.
Salgo de mi habitación y de casualidad me voy encontrando con el hombre que me había secuestrado, ese imbécil que no tuvo la decencia de traerme directo, sino que tuvo que llevarme de un punto a otro.
Creo que le dicen Gu… Sí, así le dice.
Para no ignorarlo le digo que