Le temblaban las manos. Nunca se imaginó que desnudar a una mujer, a Xana lo haría sentirse tan ansioso, nervioso, ya ni sabía. La piel estaba caliente debajo de tela que fue retirando hasta que esta cayó a altura de la cadera de su mate, dejando a la vista ese par de pechos perfectos para acunar en sus manos. Aun podía recordar lo rico que se sentían sus pezones en su boca y cómo los chupaba poniéndose cada vez más duro.
-Hermosa- jadeó apretando uno de sus pechos suavemente en sus manos.
Xana