Lo bueno de ser un depredador era que poseía la facultad para esconder su presencia para analizar a su presa y atacarle en el mejor momento. Y White, que podía jactarse de esta habilidad por mucho por encima de los miembros de su manada, nunca se hubiera imaginado en el pasado que la utilizaría ahora para mirar a su cachorra humana moverse por el bosque donde él la atrapaba todas las noches.
Solo se lamentaba que esta ilusión que él creaba entre los dos ella la olvidara cuando despertara. Aunqu