Xana se sentía desfallecer y a la vez quería que siguiera. Acaso eso era normal.
Estaba cansada, le dolían los muslos, la cadera, sus labios estaban hinchados, su vientre lleno, y aun así…
-Más- soltó sin darse cuenta solo siguiendo lo que su mente mandaba.
Y sus palabras solo provocaron que la cadera del lobo detrás de ella embistiera con más fuerza, enterrándose en su interior. El sonido que se provocaba ante la unión de ellos resultaba igual de obsceno que erótico.
Sintió como el cuerpo del