Apuntaba al suelo… pero estaba lista.
—Gael… —susurró Alma, con el corazón desbocado.
Él la miró como si no hubiera pasado el tiempo. Como si no existieran las dos semanas. Como si todo lo que había ocurrido no importara.
—Alma, tu vienes conmigo —dijo con furia.
No fue una pregunta.
Damián se interpuso sin pensarlo, dando un paso al frente.
—Bajá eso —ordenó, señalando el arma—. Acá no vas a entrar así.
Gael giró el rostro apenas, lo suficiente para reconocerlo.
—No estoy hablando contigo mald