Capítulo 08.
El gruñido bajo que emanó de las profundidades del pecho del dragón resonó en el silencio del claro, tensando la atmósfera que hasta hace poco se sentía tan pacífica bajo el manto lunar. Sus ojos dorados, que momentos antes me habían mirado con una tranquila curiosidad, ahora centelleaban con una intensidad primitiva, escrutando las sombras que nos rodeaban como si pudieran desgarrar el velo de la noche misma. Mi propio cuerpo se tensó en respuesta a su alerta, un escalofrío recorriéndome la es