La noche se cerraba como un manto espeso sobre la cabaña de montaña. El sonido del fuego era ahora el único latido en aquella estancia cálida, interrumpido solo por el ocasional susurro del viento o el crujido del techo de madera bajo la lluvia intermitente.
Lady Violeta Lancaster seguía de pie, sin atreverse a moverse desde su última respuesta. La conversación con el príncipe Leonard había despertado una tormenta interna más intensa que la que rugía allá afuera. Su corazón latía con un ritmo d