—Oye, Camila…
Ella no reaccionó. Alexander rodó los ojos con fastidio.
—Tendrás que cargarla —insistió Gabby.
—Las cosas que tengo que hacer por ella… —murmuró.
Aun así, la levantó en brazos y entró con ella en la mansión.
Dentro de la habitación, la acostó suavemente en la cama. Aquello le recordó la vez que llevó a Camila borracha a su casa y la dejó descansar en ese mismo lugar.
Sonrió con suavidad mientras la observaba.
—Oye, Camila… —la llamó.
—Eres grosero… —murmuró ella, abriendo