Escuchó sonar su teléfono y se incorporó para atender la llamada. Sollozó antes de contestar.
—Hola, Clara —intentó controlar sus emociones, pero su voz salió ronca.
—Camila, ¿estás bien? —preguntó Clara preocupada al escuchar su tono.
—No, Clara, no estoy bien —sollozó Camila mientras las lágrimas corrían incontrolablemente por sus mejillas—. Mi vida apesta… nunca estuvo destinada a ser perfecta —su voz se quebró.
—¿Qué pasó? Ahora tienes un trabajo, deberías estar feliz. —Clara recordaba